El fin de una calle

Otra vieja fotografía del pasado, de la calle donde creci.

La calle no es segura, está sola y el sol está por esconderse, el rojizo atardecer de hoy arrastra consigo un mal presentimiento. Sigues caminando, notas la luz intermitente proveniente del poste en la esquina de la acera, aún no la reparan y por alguna razón cada vez se vuelve más aterrador. Sientes un olor a humo, probablemente del consumo de alguna prostituta en la avenida. Sueles ir con calma porque la tienda a medio camino siempre está encendida, pero hoy no. Los perros ladran, a lo lejos escuchas a algún borracho cantando y más atrás el sonido de alguna botella de vidrio caer y destruirse. Con el tiempo haz conseguido la habilidad de mirar a tu al rededor sin aparentar miedo, porque llamarías demasiado la atención. Miras a la izquierda, unos policías a lo lejos, aunque hoy en día ya no sabes si eso es una buena señal. «Hace frío, va a llover» piensas. Ves la puerta cada vez más cerca y cuentas los segundos para llegar a ella, miras tus pies, la acera, la pizzería de en frente, y sin darte cuenta, haz llegado, ya no hay prisas, todo está en calma, estás a salvo, nadie te observa, pero quizás, está demasiado oscuro ahora.