Hola a mi

Primero que nada, hace mucho no tomaba un pincel, me divertí un montón.

Lamento realmente que el tiempo me consuma. Me olvidó de escribir, de pintar, de soñar, me olvidó de mi. Pero de repente suceden cosas que me hacen volver, recapacitar. Al fin y al cabo lo que importa en la vida es en que inviertes tu tiempo, porque es todo lo que tienes.

Tengo un montón de cosas en las que ocuparme y pensar, y si, lo siento por dar la típica excusa de siempre. Está bien, no la acepten. Yo tampoco lo hago. No existe perdón para semejante atrocidad. Y no crean estoy haciendo un drama, si eso piensan quizás desperdician su tiempo tanto como yo.

Detente, siente, respira, escucha. Esto es la vida, lo que sucede ahora. Tenemos responsabilidades, lo se, ni me lo mencionen, y cada vez más, parecemos caza recompensas del estrés. No resolvemos una y ya estamos en otra. Por eso, insisto; Detente, siente, respira, escucha, al fin y al cabo es todo lo que tienes.

Frágil y diminuta

Cuando tengo un encuentro con la naturaleza, siempre trato de detener el mundo un momento, o al menos imaginar que lo detengo. Si tengo la oportunidad de acercarme a alguna sima de una montaña, corro a por ello. Trato de percibir cada pequeño sonido, cada olor, cada tonalidad de verdes y colores, los contrastes y la extraña perfección con la que se forma este mundo, me siento tan diminuta. Este gran organismo que respira y nos mantiene vivos por más que apuñaleemos sus costados. El ser humano tan frágil y egocéntrico, nos creemos dueños de esta gran esfera a pesar de ser nada en lo absoluto proporcionalmente, aun sabiendo que cuando la madre naturaleza se enfurece, nos fusila sin remordimiento.

El fin de una calle

Otra vieja fotografía del pasado, de la calle donde creci.

La calle no es segura, está sola y el sol está por esconderse, el rojizo atardecer de hoy arrastra consigo un mal presentimiento. Sigues caminando, notas la luz intermitente proveniente del poste en la esquina de la acera, aún no la reparan y por alguna razón cada vez se vuelve más aterrador. Sientes un olor a humo, probablemente del consumo de alguna prostituta en la avenida. Sueles ir con calma porque la tienda a medio camino siempre está encendida, pero hoy no. Los perros ladran, a lo lejos escuchas a algún borracho cantando y más atrás el sonido de alguna botella de vidrio caer y destruirse. Con el tiempo haz conseguido la habilidad de mirar a tu al rededor sin aparentar miedo, porque llamarías demasiado la atención. Miras a la izquierda, unos policías a lo lejos, aunque hoy en día ya no sabes si eso es una buena señal. “Hace frío, va a llover” piensas. Ves la puerta cada vez más cerca y cuentas los segundos para llegar a ella, miras tus pies, la acera, la pizzería de en frente, y sin darte cuenta, haz llegado, ya no hay prisas, todo está en calma, estás a salvo, nadie te observa, pero quizás, está demasiado oscuro ahora.